Intolerancia a la incertidumbre.

INTOLERANCIA A LA INCERTIDUMBRE

Si has visto alguna película de Woody Allen cuando él está como protagonista, sabrás que siempre aparece con muchas tribulaciones y dudas. Preocupaciones que le surgen mientras se desplaza de un lado a otro. Podríamos decir que es un personaje reflexivo o también que se preocupa en exceso, que dedica mucho tiempo a estas preocupaciones y que la naturaleza de esas preocupaciones es variada. 

Las preocupaciones son patológicas cuando:

– Son muy frecuentes. Ocupando una gran parte del tiempo.

– Son sobre muchos y variados temas.

– Su curso suele ser en ciclos y pueden durar desde varios minutos a horas.

No obstante lo que vuelve patológicas las preocupaciones es lo que nos pegamos a ellas. Es como si le confiriéramos un carácter de verdad, premonitorio. Y de ahí se deriva la ansiedad que conllevan.

LA INTOLERANCIA

En la literatura especializada se habla de este tipo de preocupaciones como intolerancia a la incertidumbre. Es decir, el tiempo que se invierte sobre la preocupación es una manera de resolver la incertidumbre. Como si se persiguiese la respuesta definitiva que nos alivie. Con frecuencia esto no ocurre, o si lo hace es muy a corto plazo, volviendo al tiempo con más fuerza, el contenido de una preocupación en concreto.

Desde la infancia se nos piden respuestas lógicas y razonadas ante muchos y variados comportamientos. La mayoría de las veces, no tenemos la respuesta, pero el entorno nos insta a encontrar una. Así que nos devanamos los sesos buscando alguna que convenza. Con el tiempo, eso que hacemos para los demás lo acabamos haciendo con nosotros mismos.

“¿Y por qué pienso de este modo? ¿Cómo podría solucionar esto? ¿Y si ocurre alguna desgracia? ¿Y si al tomar esta decisión provoco que pase tal cosa…?” Con este  y si... suele comenzar el ciclo de preocuparse.

Para resolver ciertas cuestiones que nos permitan desenvolvernos en la vida, es importante “estar” en modo solucionador de problemas. Sin embargo, con las cuestiones psicológicas las cosas no funcionan así, y el pensar mucho sobre lo mismo no suele llevar a su resolución, muy al contrario se acaba entrando en bucle, con el sufrimiento que eso lleva aparejado.

Haríamos bien en enseñar a niños y niñas a lidiar con la incertidumbre. Ya que la vida conlleva muchísima. Incluso en situaciones en las que las cosas parecen claras, sigue habiendo un margen para la duda y no actuar hasta que esta incertidumbre se resuelva nos lleva a paralizarnos.

En los talleres de crianza sana trabajaremos para saber cómo manejamos esto y en terapia con adolescentes o adultos lo abordamos para romper este ciclo de la incertidumbre.

Decía el filósofo francés Sartre que “Estamos condenados a elegir“. Es una condena porque no es algo de lo que sea posible escapar, en tanto que humanos. Esta elección conlleva incertidumbre, sobre lo acertado de lo elegido, y el miedo a equivocarnos, como hemos visto ya a lo largo de este post. Sin embargo esto no significa que no podamos hacer nada al respecto (ya que la condena es a la elección, de lo que no se deriva necesariamente que en base a la incertidumbre tenga que girar nuestra existencia) y que no podamos tener una vida valiosa, que merezca ser vivida de forma más plena.