Esperanza y Desesperanza en Psicología.

ESPERANZA Y DESESPERANZA EN PSICOLOGÍA

El más terrible de los sentimientos es el de tener la esperanza perdida.

Federico García Lorca.

Cuando en terapia hablo de la esperanza las personas que están allí presentes se sonríen tímidamente y hacen alusión a mi nombre. El otro día un amigo me comentó que dicho nombre tiene cierto aire de marketing aplicado a una consulta de psicología.

Yo no elegí como me llamaron. Estudiar esta maravillosa carrera y toda la formación posterior sí fue algo elegido. Siempre digo que embarcarte en esta disciplina es un viaje a un destino incierto, uno sabe de dónde parte, pero no como será cuando llegue. Compañeros y compañeras de la carrera sabrán a lo que me refiero si me leen. De cualquier modo, esto forma parte de otro tema.

Independientemente de mi nombre, la cuestión es que el concepto de esperanza aparece de forma más o menos recurrente en la literatura psicológica.  Para empezar veremos que significado tiene en la RAE, en su primera acepción que es la que aquí nos interesa.

Estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea. Desde este punto de vista el sentimiento de esperanza abre posibilidades futuras. En este sentido no es concepto manido como el mandato social de “ser positivo” a toda costa. Si leemos dice, “estado de ánimo que surge” y en este “que surge” está la clave Surge cuando ocurren cosas que nos hacen sentir que las cosas cambiarán para bien, que serán consecuencias de hechos no de pensamientos. Que como decía Machado el camino se hace al andar. El pensamiento positivo es artificial porque pretende cambios por una vía equivocada. La esperanza sin embargo no tiene lugar en el vacío, es un sentimiento que nace cuando se vislumbra luz en el camino.  

LA DEPRESIÓN Y LA ESPERANZA

En relación a la depresión hay un conocido enfoque  llamado “Teoría de la depresión por desesperanza”, de Abramson, Metalsky y Alloy (1985).

En ella, la esperanza es el concepto clave y central. No tener esperanza  lleva  a la depresión y se define de la siguiente manera: se espera que un acontecimiento, que tiene valor y relevancia para la persona, no tendrá lugar, al mismo que se siente indefensión ante la imposibilidad de cambiar este resultado. Es decir, creer que nada de lo que haga podrá cambiar este hecho, que no está en la capacidad de acción poner los medios para que ese acontecimiento tan deseado suceda.

Sujeta a esta teoría concreta o no, la desesperanza tiene relación con la depresión dado que está inherentemente unida a ella. Es difícil que se esté en unas circunstancias vitales de estas características y tener esperanza. De hecho vislumbrar esperanza puede ser la señal de que se están consiguiendo cambios terapéuticos hacia una vida valiosa. 

TERAPIA DE ACEPTACIÓN Y COMPROMISO Y ESPERANZA.

La desesperanza es un componente importante en ACT, acrónimo de Terapia de Aceptación y Compromiso, cuyo autor principal es Steven Hayes. En este caso  la desesperanza es lo terapéutico, aunque pueda parecer paradójico. Sin embargo, generar desesperanza en la persona que va  a consulta no es un objetivo en sí mismo,  algo que sería poco ético. Muy al contrario se utiliza la desesperanza de una forma creadora para procurar una toma de contacto con los pasos dados hasta el momento, que parecen no haberla sacado del hoyo en el que se encuentra (por utilizar una metáfora de la propia terapia), más bien han provocado cavar para hacerlo más profundo.

Por este motivo lleva el nombre de desesperanza “creativa” dado que no se limita a hacer sentir desesperanza por lo hecho, sino de generar una nueva esperanza sobre otras formas de hacer posibles. 

Desde ACT se desesperanza en dos sentidos:

1) Para el cambio: Se trata de dar otros pasos en una dirección valiosa.

2) Para la aceptación: De aquello que no es posible cambiar y funciona como barrera para esa vida valiosa.

No obstante, hay que ser precavidos en la utilización de la desesperanza creativa. Si bien es un elemento terapéutico muy potente, también puede ser contraproducente en personas que ya están muy desesperanzadas y provocar un alejamiento de la terapia. Es necesario saber cómo y cuándo se hace uso de ella. 

ESPERANZA Y OPTIMISMO

Otros enfoques psicológicos relacionan la esperanza con el optimismo. ¿Puede una persona sentirse esperanzada sin mostrarse optimista? ¿Y sentirla siendo realista? Que se vean las cosas tal y como son en el presente no significa que puedan contemplarse de otra forma en relación al futuro. Una estudiante puede presentarse a un examen sin haber estudiado mucho, hacerlo y al salir decir a todos, y decirse a sí misma: “me ha salido genial, seguro que apruebo” para posteriormente suspender. Otra versión posible es salir del examen “sabiendo” que es muy probable suspender pero haber aprendido que si se estudia con más ahínco la próxima vez se aprobará. Este último es un ejemplo de realismo y esperanza al mismo tiempo. En el primer caso, si se confía únicamente en el optimismo es muy posible que la estudiante agote todas las convocatorias si se presenta al examen sin estudiar pero con un optimismo desbordante.

HOY ES SIEMPRE TODAVÍA.

Las personas que acuden a la consulta saben que en una de las paredes se puede leer esta cita de Antonio Machado. Hoy es siempre todavía simboliza esa esperanza que centra en el presente. 

– Hoy: “Aquí y ahora”.

– Es siempre: Aún es posible emprender un nuevo camino.

– Todavía: Mientras se está en la vida.

EN CONCLUSIÓN.

1) Esperanzar para vivir el presente.

2) Esperanzar para encaminarse hacia una vida valiosa.

3) Esperanzar para dotar de fortalezas que posibiliten atravesar el posible desierto en que el se encuentra la persona.

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