¿Cuándo me enfado digo la verdad?

¿CUÁNDO ME ENFADO DIGO LA VERDAD?

“Siento lo que te dije, no lo pensaba realmente, estaba enfadado”

“No tengas en cuenta lo que ayer hablé, cuando me enfado no sé ni lo que digo”.

¿Cuántas veces hemos escuchado (o dicho) alguno,de los enunciados anteriores?

Antes de continuar no quiero dejar de mencionar que cuando se habla de forma general es fácil caer en la simplificación de un hecho psicológico. Para saber a qué responde tal o cual comportamiento es necesario hacer un análisis individual, de la persona y las circunstancias (históricas y presentes) en las que está inmersa. Por ejemplo algunas personas muestran enfado de forma continuada y a otras les resulta muy difícil enfadarse. Tanto un caso como  otro es posible que no se ajuste con lo escrito aquí. 

El enfado se compone de diferentes emociones y su forma de expresarlo también es variada. Una persona puede estar enfadada y guardar silencio, aislarse en otra habitación, gritar o salir a la calle para dar un paseo y ventilarse. Es decir, el enfado no tiene una única vía de expresión y ni que decir tiene que el hecho de sentirse enfadado tenga que llevar necesariamente a un comportamiento determinado. 

Generalmente se comunican sentimientos, pensamientos y emociones a otra u otras personas, en un contexto de enfado, no habituales y dolorosos para ambas partes, la persona que expresa el enfado y la que lo recibe. Y volviendo a la pregunta del título de este post ¿Cuándo nos enfadamos decimos la verdad?  Normalmente se cree que las cosas que se dicen durante un episodio de enfado han sido expresadas porque se está fuera de control, y posteriormente, en una situación más calmada y tranquila uno se “arrepiente” pero ¿Significa eso que realmente no se sienta y piense lo que se dice? Entonces ¿Qué razón o razones nos hace arrepentirnos de haber procedido de esa forma?

1. Verbalizar un dolor mediante un reproche y cuando las emociones están muy elevadas lo hace aún más doloroso.

2. Duele el daño que se ha podido provocar y las consecuencias que pudieran derivarse. Por ejemplo que esa persona nos retire su afecto, deje de hablarnos o hayamos perdido su confianza.

3. Normalmente enfadarse no está bien visto y con frecuencia se invalida el enfado. Desde pequeños de alguna manera se nos insta a no enfadarnos y resulta muy difícil para el entorno adulto manejar una situación de enfado infantil. Sin embargo el enfado es algo natural.  

4. Se corre el riesgo de entrar en un círculo vicioso de reproches y en una escalada de emociones aversivas muy potentes. 

¿Qué hay detrás de eso que se dice durante el enfado?

Vuelvo a recordar el riesgo de caer en la simplicidad cuando se habla en términos generales de comportamientos concretos. Teniendo en mente esta advertencia,  aquello que se dice  durante un episodio de enfado normalmente muestra una necesidad de comunicar algo como, decepción, miedo, desesperanza, impotencia, frustración etc que suelen permanecer escondidas bajo capas de normalidad. Con ello se busca comprensión o un cambio de comportamiento respecto a la persona enfadada.  Y quizá también una petición implícita de que se subsane el daño cometido para poder cerrar el episodio.

¿Y qué hacer?

Puede, como hemos visto, que detrás de lo que se dice en el enfado esté una necesidad insatisfecha. Si esto es así, no estaría mal escuchar la queja de la persona enfadada. Ahora bien, esto no significa tener que permitir las formas en la que se hace, pero sí atender el sentimiento subyacente. Es más conveniente que en una situación calmada se pregunte al respecto y así tenga lugar un acercamiento auténtico y una resolución más sana del conflicto.

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