La depresión y yo. Una historia

LA DEPRESIÓN Y YO. UNA HISTORIA

Esto que sigue es una historia ficticia. Es decir, no existe más allá de la imaginación de su autora. Es una historia ficticia que podría ser tu historia, o la de tantas personas. Si sigues leyendo puede que comiences a entender porqué lo digo.

La cuestión es que tengo depresión. Al menos eso me dijeron cuando fui al médico. ¿Depresión, dije yo apenas con un hilo de voz? ¿Cómo es eso, como quién tiene un catarro? ¿Y dónde está esa depresión? Sí la tengo no la quiero ¿puedo devolverla ? (porque con hilo de voz y todo yo por entonces aún tenía sentido del humor, claro que  aún llevaba mal poco tiempo  y  tenía la esperanza de que aquello se me pasaría…. o tal vez esto lo digo ahora, que me encuentro con la determinación suficiente para salir adelante).  “Lo que yo siento es muy malo”, le dije al médico, “Aquí dónde usted me ve  no encuentro muchas ganas para vivir, ni fuerzas sobre cómo hacerlo” Él entonces se encogió de hombros ; “La vida a veces se complica”, y me recetó unas pastillas “Con esto te sentirás mejor”  (y sonó como suena en las películas). De esto han pasado 3 años.  Y sí, mi médico tenía razón, me sentí mejor. Durante un tiempo.

 

Todos a  mi alrededor insistían en que buscara ayuda psicológica para salir de eso. Pero yo me negaba a contarle mis problemas a nadie. A veces, es que ni siquiera se me ocurría que es lo que podría contarle a ese profesional. Porque ni yo sabía qué me pasaba ni por qué. Sólo sabía que lo que me pasaba me pasaba. Además me encontraba tan cansada, tan sin ganas de hacer nada. Todo era un esfuerzo para mí. ¿En qué iba a ayudarme hablar? Ya hablaba con amigas y no sirvió de gran cosa.

Y así fue como poco a poco fui sumiéndome en la pena, buceando en la desesperanza día tras día. Y fueron pasando las semanas y los meses. Y entonces uno de esos días en los que te encuentras con el ánimo necesario para hacer algo, no recuerdo dónde, leí que la depresión deprime. Es decir que cuanto más tiempo pasas deprimida por cosas en apariencia muy insignificantes volverás a deprimirte de nuevo. Esto me hizo pensar en mis tres últimos años, por la cantidad de pequeñas cosas que había vuelto a “recaer”. Por ejemplo una simple gastroenteritis que me duró 2 días me volvió a sumir en las tinieblas por un mes entero. 

También decía que cuanto más tiempo pasas deprimida más difícil es que salgas de esa situación con éxito, sobre todo si estas mejor, estas peor y luego otra vez mejor y después peor, y luego mucho peor. Llevo 3 años pensé, esto ya es mucho…. y si lo sigo dejando…mejor no pensarlo…

Coincidió que un día me encontré con una  conocida que me preguntó qué tal estaba, que alguien cercano a mí le dijo que estaba pasando una mala época. “Sí ahí estoy, con la depresión que no se me va”. Ella entonces me dijo algo que fue  el último empuje que me faltaba. Contó cómo le fue a ella cuando solicitó ayuda profesional y una vez en la consulta comenzó a hablar “que si la depresión esto que si la depresión lo otro” y en un momento dado  le dijo la psicóloga “Bien ya hemos hablado suficiente sobre la depresión ahora quiero que me hables de ti” Y ella se quedó perpleja ¿Cómo era eso si todo el mundo preguntaba sobre su depresión? La pregunta la desconcertó ¿Acaso hay un yo separado de mi depresión?  ¿Es decir puedo ser y sentir otra cosa? “Y justo ahí comencé mi camino a recuperarme”. Concluyó esta persona.

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Me fui con eso a casa y busqué información. Resulta que había tratamientos psicológicos tan eficaces o más que las pastillas y además a largo plazo porque te enseñan otra forma de vivir, herramientas y eso. Y encima sin el efecto negativo de la medicación. Es decir que cuando lo terminas no es como cuando dejas las pastillas. Porque lo que has aprendido y vivido, aprendido y vivido queda y ya las cosas no vuelven a ser como antes. Para bien, se entiende.

A los pocos días me armé de valor, y créeme que mucho valor le tuve que echar,  y llamé por teléfono a esa profesional que ayudó a mi amiga.

Así que ahí voy. Esta tarde tengo mi primera cita. Tengo muchas dudas de si me irá bien, de si será una persona que me guste, de si será muy doloroso (no creo que más que todos estos años de padecimiento). Sea como fuere es el momento.

Porque ir a terapia son de estas cosas en la vida de las que no se puede tener experiencia sobre ellas sin vivirlas. Es cómo el amor, por mucho que te lo describan hasta que no te enamoras no sabes cómo se siente.

Bueno me despido ya, si esta historia te interesa puedo seguir escribiendo otras si me lo haces saber (abajo hay un correo electrónico al que puedes escribir y me lo harán llegar). Puedo continuar contando por ejemplo cómo me ha ido. Claro que como me vaya no deja de ser mi historia. La tuya tienes que escribirla tú.

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 Enlace: El pozo del dolor negro.