“Soy mayor y voy a terapia, olé yo”

Soy mayor y voy al psicólogo, ¡olé yo!

Mi primer trabajo como psicóloga fue en una residencia de personas de la tercera edad. Acababa de terminar la carrera, y aparte de eso sólo tenía un curso de los que hacen las administraciones de muchas horas de duración y relacionado con las enfermedades neurológicas que se dan con más frecuencia en la senectud. No tenía ninguna experiencia, más allá de mis prácticas universitarias de la licenciatura en las que aprendí mucho, por cierto. Pero nada más. Los másteres y las especialidades vinieron más tarde.

Fue una experiencia de trabajo, y personal, gratificante  en la que aprendí mucho. Por ejemplo: ahí comencé a hacer psicoestimulación cognitiva, talleres individuales y grupales a distintos niveles, con personas que tenían algún tipo de deterioro cognitivo y con otras que no cuyo objetivo era prevenirlo  fomentando un envejecimiento sano y activo. Como percibí lo complejo que eran estas actividades, si se pretendía hacer de una forma rigurosa, nada más terminar mi contrato (era una sustitución) realicé mi primer máster en neurociencias y neuropsicología, de cara a formarme con garantías en aquello que había empezado a aplicar. Pero bueno esa es otra historia que tendrá que ser contada en otra ocasión.

En aquella residencia formé un grupo de terapia en la que tratábamos muchos temas que importaban a los residentes. Dicha terapia grupal  tenía una frecuencia semanal y cada vez que llegaba el día asignado veía como más y más personas se iban apuntando. Muchos decían “Este es de los mejores ratos que pasamos aquí Esperanza” “Estamos deseando que llegue el momento de venir a nuestra grupo de experiencias y crecimiento” a lo que añadía otra persona “Sí sí, junto con el club de lectura es de las mejores actividades”

Me encantaba pasar tiempo con estas personas. Lo que compartimos, lo que nos reímos, lo que me enseñaron,permanecerá siempre en mí. Todo eso fue un regalo.

También las terapias individuales supusieron un enriquecimiento como profesional y una ayuda indispensable para los y las residentesEse era un lugar de desahogo emocional, de poner en práctica otros recursos para que la vida fuera más agradable, y de muchas más cuestiones. 

Y ahora, fuera de esos centros (y eso en los que cuentan con profesionales de la psicología) me pregunto cuántas personas de mayor edad asisten a terapia. Es decir piden su cita en un centro o consulta y acuden allí cada semana o cada quince días. Desconozco si hay estadísticas al respecto. Las he buscado pero no he encontrado nada. Pero mi experiencia, y la  de otros compañeros, me hace pensar que muy pocas de estas personas asisten a terapia, como si no lo necesitasen… Pero no es así, más bien al contrario. Muchos problemas de la vida tienen una acentuación en esta etapa; el estado de ánimo deprimido, las desilusiones, el acortamiento del futuro, los miedos.  Al llegar a estos años se han ido acumulando muchos duelos y pérdidas. Todo esto junto a cambios en la salud que agravan los recursos para afrontar la vida. 

Es verdad que cada vez más personas jubiladas solicitan servicios psicológicos. Y también lo es que estas personas que lo hacen gozan de autonomía y gestionan sus propios asuntos. Sin embargo cuando el conocimiento de acceso a estos servicios no llegan porque ciertas responsabilidades están delegadas en otros familiares y cuidadores la cuestión cambia.

De cualquier modo no hay edad para asistir a terapia. Los miedos, la incertidumbre, las dificultades para gestionar distintos problemas están presentes en todas las etapas de la vida. De hecho a partir de los 65 se puede ir al psicólogo por los mismos motivos que a los 45, aunque las circunstancias puedan ser diferentes. Ser mayor no significa que se haya de estar desvinculado de los servicios que pueden resultar en una mejora de la salud. Y esta salud, también es psicológica. 

Si estás leyendo esto y crees que tu familiar puede beneficiarse de las distintas opciones terapéuticas que se ofrecen puedes echar un vistazo a los enlaces que dejo más abajo.

Para que si se necesita, no sea el desconocimiento lo que impida decir “soy mayor y voy a terapia, ole yo”.

Enlaces: Si haces clic en los siguientes enlaces puedes ver servicios relacionados.

Terapia de reminiscencias y otros.

Duelo

Adultos

La depresión y yo

 

Imagen de Sabine van Erp en Pixabay